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Reseña: Jodidamente especial y entrevista a Teresa Guirado [Novela romántica]

jodiamente

Título: Jodidamente especial

Autora: Teresa Guirado

Diseñador de la portada: Paco Roca

Número de páginas: 408

Precio: 2,99 €

Lo podéis encontrar pinchando aquí.

Sinopsis

Amat es el máximo responsable de su empresa en España. Da siempre la impresión de tenerlo todo controlado. Tiene un trabajo envidiable, una novia guapísima y una casa magnífica aunque, quizás, no sea eso exactamente lo que anhela.

Vera es como una gata, nunca sabes si va o viene. Pequeña y de aspecto dulce esconde una gran fortaleza y muchos secretos. Cree tener las cosas muy claras. Está convencida de que tiene que pagar las fatales consecuencias de sus actos.

Ambos parecen tener el camino trazado: una existencia tranquila, repetitiva, sin sobresaltos… pero algo cambia en ellos cuando se cruzan en la bonita ciudad de Valencia

Tendrán que colaborar para cumplir su objetivo, sólo tienen 15 días.

Dos semanas y un puñado de canciones que pondrán sus vidas del revés.

Opinión personal

Debo decir que esta novela cayó en mis manos en una época que desde luego, no ha sido la mejor de mi vida. La leí durante un mes que para mí resultó caótico, cargado de ansiedades y desvelos y puedo decir que gracias a ella, supe afrontar mejor lo que estuvo por venir.

La terminé un día entresemana, a las cuatro de la madrugada. Me sentí frustrada al no poder continuar pasando las páginas en mi Kindle y releí el último capítulo un par de veces para hacerme a la idea de que ya se había acabado.

He tardado mucho en escribir esta reseña porque necesitaba que la historia reposara en mi mente, para analizarla mejor, para entenderla en su totalidad.

No es una historia romántica habitual.

Bueno, encontramos al chico, a la chica… Esta vez el papel se invierte: es ella la que tiene un trauma (o varios) y él tiene que curarla.

Y me gusta mucho cómo lo hace.

Nuestro protagonista masculino, Amat, es un hombre maduro, reflexivo y muy trabajador. Aunque tarda en darse cuenta de lo que le ocurre por dentro, parece intuir durante toda la novela que algo no marcha bien en su vida y que debe hacer algo al respecto. Y ese algo, pasa por Vera.

Vera es una mujer que tiene un carácter perfeccionista y se siente súper responsable de todo aquello que sucede a su alrededor. Creo que nos refleja a muchas de nosotras, cuando hacemos todo lo que está en nuestra mano para “cumplir” nuestro deber y aún así vemos que ocurren cosas malas en nuestro entorno y nos frustramos. Y eso nos genera ansiedad, tristeza, incomprensión…

Esta novela tiene un cariz bastante psicológico y demanda del lector una cierta cantidad de empatía y comprensión profunda.

Aquel que sepa lo que es una crisis de pánico o una sensación de no saber qué hacer con su vida… Entenderá bien a estos personajes.

Después encontramos una trama no tan secundaria, que también impacta. No voy a desvelarla aquí, porque sería hacer spoiler y sabotear la técnica de la escritora en crearnos intriga y sorpresa cuando conocemos los entresijos del pasado de Vera.

A grandes rasgos, puedo decir que hay muerte, infidelidad, amor (y mucho amor), sentimientos de culpa y de esperanza y que todo ello recae sobre los hombros de una mujer que necesita ayuda (como cualquiera la necesitaría en su situación) para entender y poder asumir ese marasmo emocional en el que se encuentra y después salir adelante, haciendo de su pasado una experiencia constructiva en lugar de limitante.

Es una historia de amor tranquila, profunda y madura. Está muy bien escrita y te envuelve en la atmósfera que ha creado la autora para que visualices la trama en primera persona.

Para los aficionados a la música también hay un repertorio de canciones que se despliega, cual banda sonora que además está disponible en Spotify (muy recomendable).

¿Qué más decir?

La novela tiene cosas buenas y malas. Momentos aburridos y momentos de tensión. Pero al igual que las personas, todas las historias tienen cualidades y defectos y es eso lo que las hace únicas.

Le doy la enhorabuena a Teresa Guirado por dedicar parte de su tiempo a escribir una novela tan jodidamente especial, a la que le doy un 5/5.

Entrevista a la autora 

1. ¿Cómo apareció Vera en tu mente? ¿De qué lugar de tu imaginación procede una mujer con un carácter tan complejo?

 En su complejidad Vera resulta muy cercana. Creo que muchos lectores simpatizan con ella porque todos, en algún momento, no hemos castigado de un modo u otro. A partir de ahí, el resto de Vera ha surgido solo. Alguien con su historia puede tomarse las cosas de muchas maneras pero Vera es muy inteligente y, aunque tuvo épocas oscuras, es tenaz y obcecada. No conozco a nadie así. Se ha ido dibujando a sí misma a través de las páginas.

2. ¿Tu vida también tiene una banda sonora?

Lo cierto es que sí. Suelo canturrear incluso cuando trabajo frente al ordenador. En días tontos cualquier palabra que digas me pone una canción en la boca. Pero creo que en la novela ha sido a la inversa. La música ha evocado ciertos momentos. Ha sido mi inspiración.

 3. ¿Crees que la paciencia y la comprensión son virtudes esenciales en una pareja, como lo es Amat con Vera (a pesar de sus momentos de frustración)?

Sí, porque sin dialogo es muy difícil consolidar una relación, por lo menos tal y como yo la concibo, y para poder hablar se necesita mucha paciencia y comprensión.

 4. ¿Qué piensas que podrían hacer las  personas que no son capaces de superar sus sentimientos de culpa para salir adelante? Me ha parecido un tema muy interesante que tocas en la novela. 

Si la historia de Vera no fuese la que es, ¿sería capaz de superar su culpa? Yo también me lo he preguntado. Supongo que entonces sólo quedaría la opción, que plantea Amat, de aceptar que no fue algo premeditado, pero imagino que sería mucho más complicado perdonarse. También puede que Amat decida seguir adelante con su plan porque percibe eso mismo, que existe esa posibilidad de expiación para Vera si conoce la verdad.

Por cierto, Vera significa verdad

5. ¿Estás ya inmersa en algún otro proyecto? ¿Nos puedes adelantar alguna cosilla? Je, je.

Sí, tengo una novela en estado de revisión. Es la historia de Eva, una mujer que empieza a descubrirse a sí misma cuando un pilar fundamental en su vida, su mejor amigo, decide desaparecer. Esto la lleva a recordar quién ha sido y cómo ha llegado a su momento actual.

Pasado y presente conviven de modo que ella ya no puede seguir ocultándose ciertas cosas y decide actuar…aunque quizás no lo haga de la manera más sensata.

Por último darte las gracias por tomarte tu tiempo en contestar estas preguntas, me ha encantado tener la oportunidad de entrevistarte :D

Gracias a ti por esta oportunidad de reflexionar sobre la novela. Lo he disfrutado mucho.

Un abrazo Cristina, es un placer estar en tus páginas.

Capítulo 11 de Estás aquí [Cristina González, novela romántica]

Este capítulo es para los que estáis leyendo esta novela en Wattpad. Ya os he explicado el problemita que tenemos allí, no puedo pegar el capítulo del word a la web y tardaría años en transcribirlo. Así que os lo dejo por aquí y espero que lo disfrutéis mucho!!!

Podéis dejar comentarios aquí abajo :D

11

 

 

—Buenas noches —saludó Regina.

Claudinne miró a ambos lados con la intención de descartar la presencia de otras personas. Al ver que estaban solas, se relajó un poco. Solo un poco.

—Puedes sentarte, si quieres —invitó la intrusa.

Pero Claudinne no movió ni un dedo. Es más, casi adoptó una posición defensiva, como si estuviese a punto de ser atacada por la esposa del hombre con el que se había acostado la noche anterior. No sería extraño que Regina intentase hacerle daño y Claudinne era consciente de ello.

—Está bien, hablaremos así… Casi es mejor que haya cierta… Distancia entre nosotras… —dijo mirando a su alrededor.

Claudinne tuvo la sensación de que aquella mujer estaba criticando sutilmente el reducido tamaño de aquel apartamento. No dijo nada. Todavía recordaba aquella famosa frase: “somos dueños de nuestro silencio y esclavos de nuestras palabras”. La dijo un famoso escritor, pero era su tía Amber quien solía repetirla con frecuencia.                                    —Verás, Claudinne… Christopher es un cazador de títulos —empezó Regina escogiendo las palabras adecuadas con la precisión de un cirujano.

Claudinne se limitó a enarcar una ceja. Tenía muy claro que Christopher había cambiado y que debía conocerlo a fondo antes de decidir si quedaba algo de aquel muchacho de quince años del que se había enamorado cuando ella tenía esa misma edad. Y también suponía que Regina estaba allí para poner a su marido en evidencia delante de su amante y así cargarse de un plumazo aquella relación adúltera. Por tanto, esperaba escuchar de todo menos lindezas.

Aunque… Tal vez… Le conveniese escuchar.

Así que se sentó en el sofá sin perder de vista a la heredera de los marqueses de Chestertown y la miró, dispuesta a escuchar lo que ésta tuviese que decir.

—Me imagino que sabrás, como futura duquesa de Rotheway, que posees un linaje muy apetitoso para todo aquel que ande en busca de una pizca de sangre azul para su descendencia. Es decir… Que tienes un excelente pedigrí —soltó casi con tono de burla—. Mejor que el mío, diría yo.

Claudinne tragó saliva. Para que aquella mujer tuviese aquella información tenía que haberse molestado en investigar… Porque no creía en que Christopher le hubiese hablado a su esposa acerca de ella, ¿o sí? Quiso responder que ya quedaba muy poco color azul en su sangre y que probablemente terminara por diluirse del todo, porque no le atraía en absoluto aquel estilo de vida y además, era probable que jamás llegase a heredar dicho título si sus padres continuaban desaparecidos. Pero calló. No quería ser esclava de sus palabras, pues a saber a oídos de quien podrían llegar.

Ambas se miraron fijamente. Los ojos esmeraldas de Regina acuchillaban todo aquello en lo que se posaban, excepto a Claudinne, cuya mirada serena pero impenetrable, hacía de ella un sujeto muy difícil de calibrar.

Como la esposa del señor Lowell vio que no obtenía respuesta, decidió continuar hablando. Tarde o temprano arrancaría alguna lágrima de los ojos de la dependienta y algún jadeo de sorpresa.

—No sé si Christopher te habrá contado qué fue de él cuando desapareciste…

Entonces, a la mente de Claudinne acudieron las palabras que éste le había dicho mientras cocinaba el desayuno: “Fui un egoísta…”. Y tuvo la certeza de que no quería saber qué había ocurrido con él durante tantos años. Sabía que era conveniente que Chris se sincerase con ella, pero tenía la sensación de que no iba a gustarle oír en la clase de hombre que se había convertido hasta llegar a casarse con la serpiente que tenía delante. Una serpiente bellísima, elegante y de sangre azul. Pero con escamas y lengua viperina.

De nuevo, Claudinne decidió guardar silencio. Cualquier palabra que dijera podría ser utilizada por Regina como la punta de un hilo del cual tirar hasta desangrarla. Y no se lo iba a consentir. La observó. Vio una gran fachada formada por un cuerpo envuelto en un vestido negro ajustadísimo que prometía tener en la etiqueta la firma de un diseñador renombrado, quizá de esos que no están ni tan quiera al alcance del público general. El cabello lo llevaba recogido en un elaborado moño adornado con dos horquillas plateadas, seguramente también de firma. Los labios rojos y carnosos enmarcaban una sonrisa siniestra de dientes perfectos. Y por último los ojos.

Ojos de serpiente, capaces de engatusar a unos cuantos hombres hasta sacarles las entrañas y dejarlos intertes. Claudinne se estremeció ante aquel pensamiento, pero estaba segura de que aquella mujer no era otra cosa que un bello caparazón de un ser inhumano y sin escrúpulos.

—Christopher fue enviado a un internado donde se enganchó a la heroína y demás sustancias… Tuvo que desintoxicarse y después fue a la universidad donde conoció a unas cuantas mujeres que cayeron rendidas a sus encantos… Y cuando digo unas cuantas, Claudinne, digo muchas.

Claudinne mantuvo la mirada, sin un titubeo, sin vacilar ni un instante. Quizá Regina estuviese diciendo la verdad, pero ella quería pensar que Chris tuvo sus motivos para hundirse y que todo el mundo tiene derecho a las segundas oportunidades.

—Entonces, cuando decidió que un hombre como él necesitaba algo más… Se dedicó a perseguir mujeres… Como decirlo… Como tú y como yo. Hijas de barones, duques, condes, marqueses… Incluso alguna princesa asiática que se había dejado caer por la zona más selecta de Washington con su familia.

—¿Y por qué acabó contigo? No eres precisamente una princesa —y por primera vez Claudinne se vio tentada de abrir la boca.

—Porque me dejé engatusar. Me interesaba y me sigue interesando. Y no estamos hablando de amor —se molestó en puntualizar mientras cruzaba sus interminables piernas de un solo movimiento—. El asunto es… Si tú vas a dejar engatusarte también… O, por el contrario, vas a actuar como la mujer inteligente que eres y te vas a dar cuenta de qué es lo que Christopher ve realmente en ti.

Claudinne no quiso creerla. No quiso. Pero una parte de su estómago decidió contraerse y provocarle esa clase de náuseas que son difíciles de controlar. Su estómago sí la creía. Pero su corazón no. Quizá lo mejor sería centrarse en acabar el máster y marcharse al observatorio de Escocia lo antes posible, obligándose a sí misma a pensar que Christopher Lowell no era más que un recuerdo distorsionado y que los últimos días no habían existido. Ese, de hecho, había sido su plan original.

Sin embargo, ¿qué podía ver Chris en ella ahora mismo?, le preguntó esa parte coherente de su personalidad. Las probabilidades de que heredase su título de duquesa eran menores al uno por ciento. No tenía dinero (al menos no en las cantidades en las que se movía ese mundo). Se trataba de una estudiante trabajadora con la esperanza de acceder a una beca de investigación. Y eso era todo. Sin vestidos caros, sin coches caros, sin invitaciones a actos exclusivos, sin contactos glamurosos. Sin nada de lo que se supone que se le atribuye a una persona de sangre azul que ejerce su título.

—No soy nadie, Regina. Y creo que es mi mayor virtud. Todo lo que tengo ahora mismo es porque me lo he ganado trabajando duro. Esa parte de mi vida a la que te refieres no existe ya… Y no volverá a existir. Y Christopher creo que lo sabe —respondió audaz.

Regina volvió a sonreír.

—Tranquila, ya se encargará él de que recuperes todo lo que te han arrebatado. Eso sí… Recuerda que puede ser peligroso seguir por ese camino.

Y dicho aquello, la serpiente se levantó, en un paso alcanzó la puerta del apartamento y desapareció de allí.

Cuando la puerta estuvo bien cerrada, con la cadena echada y todas las vueltas de llave dadas, Claudinne se sentó de nuevo en el sofá y ordenó sus pensamientos. “Puede ser peligroso” y todo lo que la serpiente habría descubierto ya de ella. Entonces se dio cuenta de que quizá, si Regina siguiese investigando, acabaría por saber más de su historia personal que ella misma. Ya que Claudinne probablemente no tendría ni la milésima parte de recursos que la heredera de los marqueses de Chestertown para obtener según qué tipo de información.

Y si había algo que a Claudinne no le gustaba era ser la última en enterarse de lo que había sucedido con ella cuando tenía quince años, porque como bien había dicho Regina: podía ser peligroso. Quizá era hora de empezar a hacer preguntas. Quizá tendría que averiguar primero que había ocurrido con sus padres y cómo estaba la situación antes de plantearse si quiera tener una relación con Chris o con Philippe… O con nadie. Porque no se puede planificar un futuro sin tener un presente.

Dejó vagar su mirada con libertad. Miró la puerta, la pared pintada de ocre pálido, el diminuto cuadro de una playa, su escritorio lleno de apuntes, con el manual abierto y las cartas que había recogido un rato antes desparramadas sobre él. Sin querer se fijó más de la cuenta en una de ellas. Recordó que venía con la dirección escrita a mano y que el remitente era una dirección escocesa.

Sus pensamientos quedaron suspendidos en el vacío y sumano se alargó, acompañada de su brazo lo suficiente como para agarrar el sobre y atraerlo hacia sí. Lo abrió sin cuidado rasgando el sobre más de lo necesario. Extrajo un folio doblado en tres partes y se encontró bastante sorprendida cuando se reveló ante sus ojos una carta escrita a mano con una caligrafía inglesa que llamaba la atención por las florituras de sus trazos.

 

Querida hija;

Ahora que sabes lo que pasó me atrevo a escribirte. Espero que no nos guardes rencor ni a mí ni a tu padre. Te prometo que no había otra manera de ponerte a salvo. Esperamos resolver este asunto pronto, a no ser que surjan más contratiempos. Te escribo para suplicarte que tengas cuidado y paciencia. Sé prudente y cautelosa. Fíate de tu instinto. Nunca te quedes sola en lugares oscuros, jamás camines por calles poco transitadas. Cierra puertas y ventanas antes de dormir… Sabemos que has establecido contacto con la familia Lowell y que te estás viendo con Philippe Hinault. Cuídate de este último, es una persona peligrosa. Y en cuanto a los Lowell, sería conveniente que dejases de ver a Christopher hasta que todo esto llegue a su fin. Su esposa tiene una relación estrecha con el señor Hinault y, como te he dicho antes, se trata de un hombre al que tener en cuenta.

Ahora lee atentamente porque voy a contarte algunos detalles que tal vez no hayan llegado a oídos tuyos. Verás, tú tenías trece años cuando tu tío Max desapareció de un día para otro. Pasados dos meses fui a su casa y no se encontraba allí. Sin embargo, tu padre y yo pudimos ver toda su documentación guardada en los cajones de su mesa de despacho: pasaporte, documento de identidad, tarjetas de crédito… Todo. Acudimos a la policía y denunciamos su desaparición, ya que cualquier persona que se marcha por voluntad propia no deja todos sus documentos  y dinero abandonados. Pasó otro año y al no aparecer, sin pruebas, y sin indicios de absolutamente nada y dado que al morir la herencia que dejaba podía traer problemas si no había nadie que la administrara, se le declaró legalmente fallecido.

Entonces sus bienes pasaron a formar parte de nuestro patrimonio y fue en ese instante cuando empezaron a llegar cartas anónimas a casa y llamadas telefónicas a deshora desde números de teléfono ocultos o desconocidos.

Nos pedían ése dinero. Al parecer Max dejó una cantidad de deudas equivalente a todos sus bienes más la mitad de los nuestros, de tu padre y míos. Claro que nosotros jamás estuvimos al corriente de los trapicheos de mi hermano y todo nos pilló por sorpresa. Pensamos en acudir a la policía, pero entonces se nos advirtió. Querían el dinero y e incluso nos dieron un número de cuenta para ingresarlo, lo cual debíamos hacer en menos de un mes. Pero tienes que entender, hija, que cuando uno dispone de patrimonio, para obtener dinero de él debe venderlo o explotarlo de alguna manera y eso lleva un tiempo. Más de un mes.

Ellos no nos quisieron dar ese tiempo y nos amenazaron con hacerte daño si no cumplíamos con el plazo. Por eso te sacamos de Londres y te escondimos en casa de Amber, una prima lejana de William, nuestro mayordomo ¿lo recuerdas? Le estamos muy agradecidos a los dos y sabemos que ella significa mucho para ti y también tú eres algo muy especial para ella. Amber no sabe nada. Sólo que no podíamos hacernos cargo de ti y que necesitábamos su ayuda. No quisimos involucrarla y poneros a las dos en peligro.

Te estarás preguntando quiénes son ellos. Ellos no son nadie y lo son todo. La persona a la que Max debía dinero se hace llamar Z. Tu padre investigó y a Z se le conoce en Europa por estar involucrado en asuntos turbios que tienen que ver con tráfico de droga y trata de personas. Se cree que hace favores a gente que puede costeárselos e incluso a organismos gubernamentales de diversos países occidentales. No sabemos quién es más que eso, Z. Tiene una amplia red de hombres y mujeres que lo siguen y trabajan para él en todos los países. Opera sobre todo en Reino Unido, Francia, Ucrania, Bulgaria y Turquía. Y quiere hacerte daño porque sabe que si te localiza, nos tiene a nosotros, y si nos tiene nos podrá presionar para que paguemos todo el dinero que aún no hemos sido capaces de reunir en trece años.

Claudinne, te dejo escrito en otro folio un número de cuenta y en el sobre podrás encontrar una tarjeta de débito con cargo a esa misma cuenta para hacer gestiones por Internet si lo necesitas. Puedes sacar dinero de ella cuando quieras. Te insto a que te aprovisiones de efectivo y desaparezcas de París durante unos días, un mes será suficiente. Se ha revuelto el ambiente y no conviene que la tormenta te pille cerca.

También podrás ver un documento de identidad con tu fotografía y un nombre y apellido falsos con el que podrás utilizar la tarjeta de crédito y con el que te identificarás a partir de ahora hasta que volvamos a contactar contigo. No nos busques, por tu seguridad no dejaremos que nos encuentres para que Z no intente sacarte información.

Sé que ha sido duro tener que reconstruir tu vida desde cero y que ahora tienes proyectos interesantes entre manos… Sin embargo, es importante que me tomes en serio. Huye. Tu máster tendrá que esperar.

Te quiere,

Tu madre.

Martha Rotheway

P.D: cuídate mucho.

Claudinne mantuvo aquella carta en su mano durante unos minutos más. La leyó tres veces más y le hizo una fotografía con su móvil al número de cuenta de la BNP Paribàs. Vio que en el sobre había también una tarjeta plateada con el mismo número de cuenta inscrito en ella y un nombre: Helen Mathews, como titular de la misma.

Con un dedo, repasó los trazos realizados con pluma sobre aquel papel grueso que recordaba a las tarjetas de felicitación navideñas. Sin duda, se trataba de la llamativa caligrafía de su madre. Aún recordaba cómo había intentado enseñarla a ella cuando aún tenía unos ocho o nueve años. No había tenido ningún éxito. Claudinne jamás tuvo una letra bonita al escribir a mano y trajo por la calle de la amargura a más de un profesor, tanto de su antigua vida como de la nueva. Incluso la obligaron a leer en alto alguno de sus exámenes en la universidad por considerarlo del todo ilegible.

Dibujó con su dedo el nombre de su madre, repasando el hilo de tinta que había dejado la pluma al escribirlo. Martha.

—Me tienen vigilada… ¿Cómo saben tanto? —preguntó Claudinne en voz alta.

De repente empezaron a juntarse piezas en su cabeza. Justo cuando se había reencontrado Christopher todo se había vuelto del revés. Había aparecido Philippe. Primero en la tienda, luego corriendo por el parque, después había vuelto a la tienda. Siempre contando lo triste que estaba por la muerte de su madre. Le había regalado aquel collar de perlas ¿qué había hecho con él? Ah, sí, estaba escondido en el último cajón de su cómoda. No quería que Roger se lo viese puesto porque claramente no era el tipo de joya que Claudinne podía permitirse pagar.

Se levantó del sofá y abrió el último cajón. De él extrajo la caja aterciopelada con el logotipo del fabricante bordado en plata y soltó el cierre. Cogió las perlas y las acarició entre sus dedos. Suaves, redondeadas, casi perfectas…. Después miró la lágrima brillante que emergía de entre todas ellas. Y entonces recordó esa manía que tenía el señor Hinault de preguntar por sus padres y por su pasado. Cualquier tema de conversación siempre desembocaba en alguna pregunta acerca de su madre o de su infancia. ¿Qué pretendía averiguar?

Christopher había dicho: es un hombre peligroso. Su madre igual. La misma advertencia. Por supuesto, Claudinne sabía que Philippe conocía a Regina… ¿Pero mantenía una relación estrecha con ella? ¿Qué clase de relación? Un escalofrío recorrió su espina dorsal al sentir la evidencia que se revelaba ante ella. Entonces supo que era del todo imprudente ignorar aquella carta y sintió que la preocupación de su madre estaba bien fundada y quizá estuviera en peligro, aunque Claudinne no supiera calibrar hasta qué punto.  Necesitaba meditar a dónde iría, cómo haría para no dejar un rastro que Philippe pudiese seguir fácilmente.

Sin embargo en aquel momento no podía pensar con claridad. Porque su madre había escrito esa carta. Porque se había comunicado con su hija por primera vez en trece años.

Porque ahora la consideraba casi una extraña. Aunque fuese injusto para ella. Dejó caer su espalda sobre el colchón plegable del sofá y examinó aquella sensación familiar de que estaba completamente sola. Así es como se debía de sentir la gente cuando desmitifica a las personas que han sido su referencia desde la infancia. Cuando los hijos descubren que sus padres tienen defectos y que están casi tan perdidos como ellos, éstos dejan de ser una estrella polar a la que seguir por un cielo de color añil para convertirse en otros nómadas más del desierto. Claudinne supuso que eso era parte de la madurez: aprender a aceptar la imperfección de quienes te han educado. Suspiró y trató de mantener la mente en blanco para no dejarle hueco a la ansiedad.

Pero al final se rindió y las lágrimas pudieron con ella. Se preguntó varias veces por qué. Por qué no podía ser todo más fácil. Por qué no podía tener una vida normal. No quería ser rica. No quería ser duquesa. No quería tener a muchos hombres. Sólo deseaba dedicarse a un trabajo bonito y  vivir una existencia pacífica. Ella no tenía la culpa de que su tío Max fuese un amantes de las drogas y el sexo caro y de que por esas razones hubiese puesto en jaque a toda la familia. En aquel momento le odió con toda su alma. Su tío jamás se había comportado como una estrella polar, y lo agradecía. Así no había tenido que desmitificarlo cuando Christopher le contó todo.

—¿Y cómo ha conseguido él esa información? —se preguntó por primera vez Claudinne.

Y entonces se sintió ridícula y estúpida. ¿Por qué no se lo preguntó? ¿Y si se lo había inventado todo? ¿Y por qué iba a mentir?

Recordó cómo había empezado aquella noche. Ella había estado demasiado alterada cómo para preguntar. Bastante había tenido con asimilar todo lo que él le había contado. Además, olvidaba algo importante: Chris aún seguía siendo una especie de referente para ella. La única estrella polar que no se había convertido en nómada. Se preguntó cuánto le quedaría para que se le derrumbase el mito y tuviera que aceptar la verdad de lo que su amigo hubiese hecho durante todos aquellos años. Llegó a la conclusión de que no podía fiarse de nadie. Ni de Chris, ni de Philippe, y de ningún otro hombre que apareciera en su vida haciendo preguntas extrañas.

Miró el reloj.

Era la una de la madrugada y no tenía sueño. Tuvo un impulso de abrir su maleta y pedir un taxi para que la llevase directa al aeropuerto, pero recordó las palabras de su madre: no caminar por lugares solitarios ni oscuros. Quizá no era el mejor momento. Se enjugó las lágrimas y utilizó toda su sangre fría para calmarse y recomponerse.

Después sacó su portátil de la funda y lo colocó sobre el escritorio. Lo abrió y se metió en la página web de la primera aerolínea que se le ocurrió. Origen: Charles de Gaulle, París. ¿Destino?

Tuvo una revelación. Miró el remitente de la carta que le había escrito su madre. Desde algún lugar de Glasgow. ¿Habría aeropuerto en Glasgow?

Lo comprobó rápidamente. Como fecha de ida seleccionó el día actual: 8 de febrero, sólo que aún era de madrugada. Encontró tres vuelos que salían entre las diez de la mañana y la una del medio día. Escogió el primero. A las diez y media, clase turista, quinientos diez euros con British Airways. Tendría que hacer escala en Heathrow. Seis horas de viaje aproximadamente. Bien. No seleccionó fecha de regreso. El aeropuerto de Glasgow se llama Prestwick. Se esforzó en memorizarlo.

Utilizó su nuevo nombre y el número de la tarjeta de débito que venía en el sobre para pagar el billete y su pequeña impresora para imprimir el resguardo que le permitiría obtener la tarjeta de embarque en Charles de Gaulle.

Apagó el ordenador y sacó su maleta del armario. Pensó en avisar a Ronda pero desechó la idea rápidamente. Podría preocuparla y además, ponerla en un aprieto. Lo mejor sería que nadie supiera a dónde iba a marcharse.

Cogió lo indispensable: ropa interior, dos prendas de abrigo, un par de pantalones largos, cuatro camisetas y algo para dormir, además de un par de zapatos alternativos a las botas que ya llevaba puestas.

Por un momento se le ocurrió que tal vez se había precipitado. Si Z trabajaba sobre todo en Reino Unido, ¿no sería mejor marcharse a otro lugar? ¿A España? ¿A Dinamarca?

Su madre había dicho que no les buscara, por su seguridad. Claudinne volvió al ordenador y abrió el buscador de Google. Después tecleó la dirección que venía en el remitente de la carta y seleccionó la pestaña de mapas para ver de qué lugar se trataba.

En la pantalla apareció la imagen de una oficina de correos y el logotipo de la empresa escocesa de transportes. No se sorprendió, pero a pesar de todo se sintió desilusionada.

—Ya sé… Visitaré  Western Earth y después me alejaré todo lo que pueda de las grandes ciudades y viajaré hasta el extremo Norte de Escocia —dijo en un susurro.

Y por fin un bostezo se abrió paso entre una de sus agitadas respiraciones. Se dio cuenta de que la adrenalina había decaído y de que ahora se estaba apoderando de ella una sensación de sueño exigente y demoledora. En un último esfuerzo llamó por teléfono y reservó un taxi para las siete de la mañana a nombre de Helen Mathews.

Se quedó dormida en el sofá.

 

***

Por un instante pensó que la pillarían. Pero el pasaporte falso funcionó a las mil maravillas.

—Buen viaje, señorita Mathews —le deseó la amable azafata antes de tenderle su tarjeta de embarque en Charles de Gaulle.

Facturó su pequeña maleta y se adentró en el mundo del consumismo libre de impuestos. Claudinne miraba los escaparates sin verlos. Realmente se sentía constantemente vigilada y empezaba a ser consciente de que su comportamiento paranoico iba en aumento. Se detenía cada pocos metros y miraba hacia atrás y a ambos lados porque sentía ojos clavados en su espalda y en sus costillas. Finalmente, después de asegurarse innumerables veces de que nadie la seguía, llegó a su puerta de embarque, la ocho. Se sentó y miró el reloj de su smartphone. Las ocho y media. Resopló. Aún tenía noventa minutos por delante de espera y su neurosis no hacía más que aumentar. Se giró una vez más hacia atrás y contempló a las cinco personas que había sentadas en la fila de asientos metálicos del espacio de espera continuo al suyo. Tres eran mujeres, una muy arreglada que llevaba tacones y un equipaje de mano de diseño y las otras dos vestían pantalones grises de montaña y llevaban rastas. Parecían mochileras en pleno apogeo turístico. Los dos hombres restantes estaban vestidos de traje y llevaban sendos maletines oscuros. Uno leía un periódico y el otro estaba trasteando con su tablet y tenía los oídos ocupados por unos auriculares blancos muy parecidos a los de la marca Apple.

Desde luego, nadie parecía haber reparado en Claudinne y, ni mucho menos, estar espiándola. Aún así, pensó que tenía que tomar medidas.

Si iba a desaparecer, lo haría bien. Se levantó y se encaminó hacia una de las tiendas de accesorios que había visto antes de adentrarse en la zona de las puertas de embarque. No le costó hacerse con unas gafas de sol y un gorro impermeable especial para la lluvia (que en Glasgow seguramente no le vendría nada mal). Se compró también un fular que podría utilizar para cubrirse el pelo o para envolver su cuello y parte de su melena con él. Al tener toda la indumentaria puesta se sintió algo más segura y regresó a su puerta de embarque. Allí, esperó pacientemente hasta que las azafatas indicaron que ya se podía subir a bordo.

***

Para cuando se subió en el segundo avión, en Heathrow, Claudinne ya estaba demasiado cansada como para continuar preocupándose de que alguien la siguiera. En su lugar, lo poco que vio del cielo londinense y el aeropuerto en el cual había visto a sus padres por última vez trece años atrás la sumieron en un profundo trance, lejos del mundo, se sumergió en sus pensamientos y su conciencia de todo lo que la rodeaba, azafatas dando instrucciones de emergencia, revistas para pasajeros, el niño que parloteaba a su lado con su madre sentada en el asiento trasero… Todo se desvaneció y en su mente sólo rebotaban su madre, Christopher, Z y Philippe. Y entonces hubo una turbulencia que la sacó a rastras de su ensimismamiento y se vio obligada a regresar al avión con el resto de los pasajeros. Se encendieron las luces de los cinturones de seguridad y se escucharon murmullos y algunos jadeos por parte de los viajeros más aprensivos. Las azafatas se sentaron y se abrocharon el cinturón. Estaban atravesando una zona de nubarrones oscuros y Claudinne pudo ver la tormenta que parecía estar engullendo las alas como si se trataran de un par de piezas de Lego bajo las manos despiadadas de un niño destructivo. Al ver el resplandor de un rayo no muy lejos se sobresaltó y se agarró al reposabrazos mientras contenía la respiración. Se mantuvo tensa los cinco minutos siguientes, hasta que la tormenta pasó y las turbulencias cesaron. Entonces el manto de nubes que se veía por la ventanilla se volvió blanco y Claudinne se serenó.

—Señorita Mathews, no he podido evitar darme cuenta de lo asustada que está —dijo él.

La mano estaba en el hombro de la joven. Quemaba, como aquella noche. Despacio, giró la cara hasta notar sus ojos abrasados por aquellos iris grisáceos.

Chris se las apañó para coger en brazos al niño que había sentado al lado de Claudinne y ponerlo en el regazo de su madre. Así dejó el asiento libre y pudo situarse muy cerca de su amiga.

—Dime que ibas a volver. Dime que pensabas llamarme. Que no ibas a abandonarme otra vez —susurró él muy serio.

Ella evitó su mirada y titubeó. Se había prometido a sí misma no confiar en nadie. Pues era peligroso.

Incluso en Christopher.

Pero él no iba a aceptar una respuesta evasiva. Agarró la barbilla de la joven y la obligó a mirarlo a los ojos.

—Realmente estás asustada. Cuéntame qué ha pasado, Clau —dijo con un tono de lo más autoritario.

—No… No puedo. No deberías estar aquí —argumentó ella vagamente.

—Nadie sabe que estoy aquí, si es eso lo que te preocupa.

—Me preocupa que no puedo confiar en nadie —acabó por confesar ella—. Lo sé todo. Y me voy, Chris. Es mejor que nadie sepa a dónde.

Pero él agarró la mano de ella y entrelazó sus dedos con las finas falanges femeninas. Claudinne reprimió un respingo y le preocupó no ser capaz de mantenerse entera y fría con Christopher tan cerca. Olía a colonia, a recién duchado. Se estremeció al recordar.

—Mírame, Clau.

Ella no se sintió capaz de sostenerle la mirada. Pero Christopher Lowell insistió.

—He dicho que me mires —ordenó él.

Claudinne obedeció al instante. Estaba a punto de derrumbarse.

—Me da igual todo —dijo Christopher con voz grave—. Me da igual Regina, me da igual mi madre, me da igual mi padre. ¿Sabes por qué? Porque no me quieren, nunca me han querido.

Quiso decir algo pero él lo impidió, silenciándola con una caricia en los labios.

—Pero tú… Tú no me das igual. Tú me quieres y aunque pienses que no me conoces, que he hecho cosas imperdonables, y que he cambiado, sabes que me sigues queriendo y que siempre va a ser así. Y yo te quiero. Te amo. Desde que tengo uso de razón pienso en ti cuando necesito consuelo. Cuando pienso que el mundo es un lugar gris, falto de amor, falto de sensibilidad… Me vienen tus ojos a la cabeza y me desmontan todas las teorías.

Ella contuvo el aliento. Los dedos de Christopher oprimían los suyos cada vez con más fuerza.

—Así que si no puedes confiar en mí, jamás podrás confiar en nadie. Porque nadie jamás va a amarte como yo lo hago. Quiero que estés bien. ¿Sabes por qué estoy aquí? Te puse una escolta en cuanto me enteré de que podías estar en peligro. He seguido cada uno de tus pasos y lo haré hasta que me muera. ¿Te queda claro? Así que de mí no vas poder huir, al menos no hasta que sepa que estás a salvo.

Claudinne se perdió en aquellos ojos que centelleaban con más violencia que la tormenta que casi había derribado el avión apenas unos minutos antes.

—Mi madre me ha escrito —dijo ella—. He pensado en ir al Norte.

Él asintió y envió un mensaje con su Blackberry.

—Entonces la acompañaré, señorita Mathews —dijo después—. Tengo cosas que contarla.

—¿Y tu mujer? ¿Y si nos encuentra? —preguntó Claudinne en tono aprensivo.

—Por lo que a mí respecta acaba de recibir una demanda y los papeles del divorcio en nuestra suite nupcial parisina —dijo Christopher con una sonrisa triunfal.

Entonces recordó las malintencionadas palabras de Regina: “es un cazador de títulos”. “Se encagará de que recuperes todo lo que te han arrebatado”.

––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––––

Y hasta aquí!!! espero que os haya gustado!!!

besitos!!!

Hoy toca hablar de comida ñam!

Me he propuesto escribir algo por lo que siento pasión. Me refiero a la alimentación, a la dieta y a los nutrientes.

Y no estoy hablando de adelgazar o contar calorías. Hablo de lo que llevan todos los productos procesados que comemos casi a diario.

Sé que es un tema que puede estar muy manido, pero creo que es importante que todos nos concienciemos cuanto antes sobre lo peligrosos que son algunos químicos y conservantes y grasas.

Hablo del aspartamo (prohibido en Estados Unidos para uso en productos infantiles), del glutamato monosódico (un increíble potenciador del sabor que provoca adicción, ¿sabías que se doblan sus concentraciones en los alimentos cada año porque cogemos tolerancia y cada vez necesitamos más cantidad para liberar la misma dosis de dopamina en nuestro cerebro?) y por supuesto de todos los conservantes que llevan sulfatos (que no hacen otra cosa que tapar los poros naturales de los alimentos para evitar que entre el oxígeno y se oxide… Normal que luego nuestro cuerpo los rechace).

Pero hoy vengo a hablar de las grasas trans. No son ni las saturadas ni las insaturadas. La grasa trans es un híbrido artificial que se ha inventado la industria alimentaria para poder decir que sus productos llevan grasa vegetal (en vez de animal) y hacerlos pasar por alimentos más sanos (recordemos la margarina… oh… qué sana es…. Es mejor echar un chorrito de aceite de oliva virgen en las tostadas… o de girasol… pero sin hidrogenar plis).

Heart shaped cookies with orange ribbon

Parecen inofensivas…..

¿Y qué es la grasa trans? Se llama trans porque se trata de una molécula retorcida a la que le han añadido hidrógeno artificialmente mediante un proceso industrial. Se hace para volver sólida la grasa vegetal que es líquida a temperatura ambiente. Ya solidificada pueden incluirla en un montón de recetas y productos para que ganen en sabor y en consistencia (uhm… qué rico… oh, tengo el colesterol alto… uhm qué rico…. uhm me dio un infarto… Y así sucesivamente….). Las podemos encontrar en bollería industrial (ojo si llevan aceite de palma o grasa de palma… Horror de los horrores porque además es cancerígena y muy Barata para los fabricantes claro… Ejem, ejem…)

Recordad: antes de comprar nada y de comer nada: LEED LAS ETIQUETAS, y allá donde ponga grasa vegetal parcialmente hidrogenada o completamente hidrogenada: HUID. Si pone grasa de palma y coco: HUID. Si lleva muchos edulcorantes artificiales: HUID.

Esta grasa al ser una molécula artificial y retorcida es muy pero que muy dañina para nuestro organismo. Pensemos que los ácidos grasos se encargan de formar las “paredes” de nuestras células, que son su defensa y su medio de relacionarse con el resto del cuerpo. Si tú a tu cuerpo le proporcionas moléculas de grasa aberrante, pues aberrante se queda. Es sentido común.

Os dejo un artículo en el confidencial donde explica qué son estas grasas y cómo han llegado a prohibirse en Estados Unidos: pincha aquí.

Y luego, cuando estéis convencidos de lo malas que son estas grasas te comento que he creado una petición en Change.org para que nuestro Ministerio de Sanidad tome cartas en el asunto, bien prohibiéndolas, bien limitándolas o bien avisando bien clarito en las etiquetas de que sus productos están “contaminados” por este veneno.

Pincha aquí si quieres firmar la petición.

 

Y esto es todo por hoy!!

 

 

 

 

Colección @Betacoqueta ¡¡¡Presentación!!!

Hola chicas!

Muchas de las que me seguís en Wattpad y en Twitter ya sabéis de qué se trata.

Querido Word ahora forma parte de una colección muy especial creada por Betacoqueta junto con El cuaderno de Paula, de Sara Ballarín (que si no la habéis leído aún, os la súper recomiendo, yo la devoré casi sin darme cuenta).

Elísabet Benavent (Betacoqueta), autora de la Saga Valeria, Persiguiendo a Silvia y la trilogía de Mi Elección, ha confeccionado una colección de libros recomendados por ella y el sello Suma de Letras y van a realizar una súper presentación en Madrid el lunes 13 de Julio en el Hotel Miguel Ángel de Madrid a las 19:00 h.

¡¡¡¡ESTÁIS TODAS INVITADAS!!!!

Va ha haber regalos, sorteos, música, calor… Un ambientazo.

La entrada es libre hasta completar aforo.

querido wordcuaderno de paulabetaCoqueta

Reseña “En una tierra ocupada” Ava Campbell [Novela romántica]

Reseña novela romántica:

En una tierra ocupada

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Título: En una tierra ocupada.

Autor: Ava Campbell

Editorial: B de books.

Número de páginas 432.

 

Sinopsis:

Julio de 1808: las tropas francesas ocupan España. Inés de Mendívil, que odia a los franceses, debe trasladarse a Vitoria, una ciudad tomada por el ejército. Y aunque al conocer a Adrien Labat, el médico francés al que alojan sus tíos, descubre que no es odio lo que siente por él, está dispuesta a implicarse cuanto sea necesario para conseguir que los invasores se vayan.

Ocupado en la organización de hospitales, la última de las preocupaciones de Adrien debería ser la sobrina de sus anfitriones. Pero cuando la joven despierta las sospechas de un general francés, se ve obligado a tomar una decisión sobre ella. Una decisión que se vuelve en su contra cuando Inés le salva la vida y la incipiente atracción que sienten se transforma en algo más intenso.

 

Opinión personal:

Leí este libro en un par de tardes lluviosas, de esas que que invitan a refugiarse en la imaginación y en historias como ésta.

Esta historia me pareció apasionante y encantadora al mismo tiempo. Es una novela romántica–histórica, que transcurre durante guerra de la Independencia española y contiene muchas sorpresas. No quiero desvelar demasiados detalles, pues podría pecar de spoiler y eso le quitaría gracia a la novela.

En cuanto a los personajes, comenzaré hablando de la protagonista: Inés de Mendívil.

Inés es una mujer joven con una hermana pequeña por la que siente una gran responsabilidad. Es fuerte y reflexiva y normalmente utiliza bien la cabeza, pero con la invasión de los franceses una parte de ella misma se revela contra las normas y decide ayudar a su manera, decantándose por uno de los dos bandos. Aquí es donde entra a formar parte Adrien Labat, preocupado en cierto modo por la joven…

Adrien es un personaje masculino que tiene mucha miga: un pasado complejo y lleno de malos recuerdos y un presente que no se desvela en condiciones hasta el final. Es un médico francés que trabaja en el hospital de Vitoria tratando heridos de guerra (sobre todo soldados franceses) y que se aloja en la casa de los tíos de Inés (teniendo que convivir con ella en ciertas ocasiones). Aquí es cuando Adrien descubre que Inés está metida en asuntos que pueden perjudicarla de llegar a ser descubierta, por eso decide tomar medidas.

Hay otros personajes que prefiero que el lector vaya descubriendo e interpretándolos a su manera. El más relevante de todos los secundarios yo diría que es la hermana de Inés, una jovencita algo impulsiva y más frívola que la protagonista que despierta todas las preocupaciones de su hermana, preocupaciones que serán fundamentales a lo largo de la historia y que muchas veces condicionarán el comportamiento de Inés. Adrien se aprovecha en cierto modo de la debilidad que ella siente por su hermana, para intentar protegerla. ¡Y hasta aquí puedo contar!

 

Por otro lado, la novela está muy bien escrita y perfectamente ambientada. Sin ser pesada logra introducirnos en una ciudad del norte español a principios del siglo XIX y también nos transmite el ambiente tenso y cargado que puede llegar a vivirse durante la ocupación por un ejército enemigo, las intrigas políticas que se cuecen y lo importante que es estar informado en mitad de una guerra en la que el principal medio de comunicación eran las cartas, los mensajeros y los espías.

 

Yo le doy un 5/5.

He visto que en Amazon tiene pocas opiniones y me ha sorprendido mucho que no la haya leído más gente. En serio, la recomiendo muy mucho.

Eso sí, no se puede esperar una novela pasional y sexual porque no lo es. Es novela romántica, histórica y con intriga, pero no es novela erótica. Insisto en lo importante que es tener las expectativas correctas al respecto del libro que vamos a leer.

 

Y dicho esto, espero que lo disfrutéis. Os dejo el enlace para comprarlo en versión Kindle aquí abajo:

Precio: 3,79€ (Iva incluido).

Becca Breaker 2: Junto a ti [Novela romántica-juvenil] ¡Ya en preventa!

Def2becca

 Ahora mismo podéis reservarlo en preventa en todos los portales de Amazon para versión Kindle.

Por lo que veo muchos de vosotros ya lo habéis reservado ya y me llegan muchos mensajes preguntándome dónde lo pueden comprar y si ya está a la venta.

Aquí os dejo los links:

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30 DE JUNIO A LA VENTA EN AMAZON

Precio 1,96 € IVA incluido. 300 páginas aproximadamente (en Amazon os pone 190- 230 porque aún no está subida la versión definitiva).

 

El día 30 también lo podréis encargar en papel.

Os dejo aquí la sinopsis:

Paul está lejos y la selectividad muy cerca. Los meses vuelan y los problemas crecen. El último curso en Ignature Flies comienza cargado de sorpresas. Bryan ha decidido hacer trampas y Mary Watson se salta las normas.
Becca descubre hasta dónde puede llegar su relación con Paul y los peligros que acechan a ambos y amenazan por separarlos.
Aún así, ella conserva su objetivo de ser médico y se esforzará al máximo para lograrlo.

 

 

El porqué de las cosas [Relato corto] ©Cristina González 2014

Aquí os dejo un relato cortito que escribí hace poco, creo que el que lo lea puede disfrutarlo, en cierto modo. ¡Feliz lectura!

© Cristina González 2014. Queda prohibido copiar, adaptar, plagiar o distribuir bajo las sanciones pertinentes impuestas por la ley.

 

 

 

Portada relato

 

La ilusión de una madre que desea serlo es tal al quedarse embarazada que automáticamente anula la posibilidad de que todo salga mal. Y es razonable, si no nadie tendría hijos por miedo a lo que pudiese suceder: una enfermedad, una malformación, un aborto, un suspenso en matemáticas, un yerno insoportable…

Sin embargo, yo soy de esas mujeres cuya ilusión no es lo bastante intensa como para opacar el amplio abanico de posibilidades, tanto buenas como malas, que la vida puede llegar a ofrecerme. Y no es que sea fría, ni calculadora, es que he aprendido a contemplar la realidad con el objetivo de evitar vendarme los ojos antes las evidencias.

Y aún así, cuando me recomendaron practicarme una amniocentesis en mi segundo embarazo, no estuve muy convencida. Yo era consciente –y mi marido mucho más todavía– de que mis cuarenta y tres años no eran los más ideales para dar a luz otra vez, soportar una nueva gestación y tragarme las náuseas durante tres meses y las estocadas en mis costillas de los diminutos pies de mi pequeño durante otros tres. Pero yo era una mujer sana. Comía sano, estaba en mi peso y tenía buena salud mental. Mi anterior embarazo había sido normal, perfecto. Y mi niña de diez años era una criatura fascinante que me hacía ver el mundo con otros ojos. Con los suyos, tan curiosos y observadores. Una niña muy viva e inteligente. Un orgullo. Pero entonces tenía treinta y tres años y habíamos planeado tener un bebé. Ahora era diferente. Un descuido… Pero tampoco podría llamarse así. Simplemente sucedió. A fin y al cabo, estaba casada y era una mujer respetable, tenía trabajo y mi marido y yo podíamos permitirnos con relativa holgura mantener a otro hijo.

Así que cuando se me retrasó la regla y me hice un test de embarazo, recibí las dos rayitas con alegría y sorpresa. Pronto llegaron las visitas al ginecólogo y sus comentarios acerca de mi edad, aunque verídicos y respetuosos, me hicieron sentir algo culpable.

—Verás, a tu edad es recomendable comprobar que el feto no traiga anomalías genéticas. Es poco probable que ocurra, pero las posibilidades aumentan a partir de los cuarenta años y la amniocentesis es una prueba que hecha en manos de expertos, conlleva unos riesgos mínimos ––había dicho él.

A mi marido y a mí nos pareció bien en un principio. Pero aquella noche, entre vómito y vómito, una duda había comenzado a gestarse en mi interior. ¿Y si mi hijo no estaba todo lo sano que se supone que debía estar? ¿Haría yo algo al respecto? ¿Abortaría? ¿O me haría a la idea…? La ansiedad que empecé a sentir no me ayudó mucho más que los antieméticos de pacotilla que me habían recetado para no vomitar.

Pero, con todo y con eso, me hice la prueba. Y, rogando a los cielos por no tener que tomar ninguna decisión aparte de si quería la epidural en el parto, acudí a ver a mi ginecólogo para la valoración de los resultados.

––Todo perfecto, Daniela ––dijo él con una gran sonrisa.

Alivio. Mucho alivio y después el resto del embarazo con sus achaques típicos. Pronto la amniocentesis quedó en el olvido. Di a luz. Necesité epidural porque mi segunda hija venía con un par de vueltas de cordón y tardé unas doce horas en dilatar. Me dio guerra.

Pero igualmente sonreí al ver sus ojos abrirse por primera vez. Nació con mucho pelo. Le pusimos Laura. Su hermana mayor, mi otra hija, estaba loca con el bebé. Claro que se llevaban diez años y la veía como a una especie de hija más que como a una hermana. Tenía instinto maternal a pesar de lo joven que era.

Laura creció poco a poco. Le di el pecho hasta los seis meses y después fui introduciendo verduras, algo de carne, algo de pescado y el huevo en la dieta. Mi pediatra estaba muy contento.

Pero el instinto de una madre es sabio. Y, pese a que muchas pecamos de exceso de preocupación, yo tenía la sensación de que mi segunda hija no avanzaba tan rápido como la primera. Quizá esa manera de gatear tan poco natural… Hice mal al decidir que eran neuras. Con dos años y medio, sólo la había escuchado llamarme mamá unas tres veces. Me informé y al parecer existen críos que empiezan a hablar de golpe a los tres años. Entonces decidí que no debía preocuparme más de lo necesario.

Unos meses después, la chica de la guardería me hizo un aparte para hablar conmigo a solas.

––Deberías llevar a tu hija a algún médico… Tengo mucha experiencia, llevo veinte años viendo niños a diario y, tal vez, quiera Dios que me equivoque, Laura tenga algún problema. No se relaciona con otros niños. Muerde demasiado todos los juguetes…

Se lo agradecí eternamente. Porque ella no quiso ofenderme, sólo advertirme. Y es que, no hay evidencias más difíciles de ver que las que uno tiene delante.

Laura creció. Pero jamás fue capaz de hablar, ni de razonar, ni de otras muchas cosas. Lloré. Mi marido lloró. Mi hija mayor al principio no lo comprendió. ¿Por qué Laura no era normal? Laura había sido diagnosticada de una patología criptogénica –es decir, de origen completamente incierto–. Ni un estudio genético, ni endocrino, ni de ninguna clase llegó a ninguna conclusión.

Con los años, los duros años de sacar a mi hija adelante, tras muchos desvelos, pañales y neurolépticos comprados, pensé que daban igual los diagnósticos. Mi marido seguía obsesionado en buscar culpables: que si el parto no fue bueno, que si se equivocaron en alguna prueba, algún alimento que no toleró… ¿Qué más daba? Era mi hija y yo la quería, fuera como fuese, tuviera lo que tuviese. Ponerle nombre a aquello que le ocurría no serviría para aplacar el desconcierto ni la culpabilidad. No sabemos si fue mi edad, el parto… No tenemos ni idea. Pero cuando ella me mira y acerca su cara a mi boca para que le dé un beso, ya nada más importa.

Sólo sé que agradezco que la amniocentesis no me hubiese avisado. Porque todo tiene una razón de ser y Laura nos ha hecho evolucionar a todos. Supongo que, al final de todo, ignoré algunas de las posibilidades que la vida podía ofrecerme. Porque cada paso que avanzamos es un riesgo que, inevitablemente, hemos decidido asumir.

Reseña “Siete razones para no enamorarse” [Novela romántica] José de la Rosa

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Autor: José de la Rosa.

Editorial: HQÑ

Número de páginas: 157

Sinopsis: Elisa debe presentar un artículo novedoso para el número de febrero de la revista en la que trabaja o la pondrán de patitas en la calle, pero su mente está en blanco. Por casualidad ve en la sección de obituarios del periódico una esquela donde algún gracioso que dice haber sido maltratado por las mujeres, se da el pésame a sí mismo y a su corazón y se promete no enamorarse nunca más. Casi sin pensarlo propone a su jefa buscar a quien ha publicado la esquela y hacerle una entrevista. El problema es que Javier (el autor) no está muy dispuesto a cooperar y solo acepta escucharla cuando ella le asegura que serán únicamente siete preguntas. Él accede a cambio de que por cada pregunta Elisa cumpla un deseo suyo. Cualquier deseo. Siete preguntas, siete deseos. Así comenzará a materializarse la venganza de Javier hacia la mujer que le ha hecho daño, aunque focalizada en la persona de Elisa… hasta que ella se da cuenta de que se está enamorando perdidamente, a pesar de tener siete grandes razones para no hacerlo.

 

Opinión personal:

Este es el tercer libro que me leo en mi Kindle desde que me lo regalaron por mi cumpleaños y he de decir que no me arrepiento.

Conocí a José de la Rosa cuando leí su manual: “Tú puedes escribir una novela romántica” –aprovecho para darle las gracias por escribirlo– y fue en ese libro cuando leí que había escrito una novela tratando de seguir las propias pautas que el ofrecía en dicho manual.

Y dije, ¿por qué no leerlo? Comparando su novela romántica con las instrucciones que da en su guía para escritoras de romance, he aprendido mucho, así que lo recomiendo a todas aquellas (o aquellos, porque esto demuestra que un hombre es capaz de escribir una buena novela romántica) que quieran escribir y no sepan por donde tirar, que lean este manual, es “chachi”, je je.

 

Ahora sí que sí, hablemos de “Siete razones para no enamorarse”. Una novela romántica cortita y muy entretenida. La protagonista, Elisa, lleva una vida vacía y, como todo aquel que lleva una vida vacía, no es consciente de ello hasta que conoce a Javier, alguien que la obliga a correr riesgos y la hace despertar de su letargo personal. Esa, diría yo que es la esencia de la historia por una parte. Y por otra parte, la historia de Javier, muy interesante y que no voy a revelar aquí por no hacer spoilers de más.

El caso es que la reflexión que hace el autor acerca de que los hombres no tienen toda la culpa de lo malo que ocurre en las relaciones (culpa que las mujeres tienden a echarles cuando las cosas van mal), me ha parecido muy acertada y necesaria para los tiempos que corren.

Lo cierto es que tanto en las novelas como en la vida real se oye mucho la expresión: todos los hombres son unos cabron** o todas las mujeres son unas víboras… Y en este libro he encontrado la particular reflexión de que cuando algo va mal la culpa recae en ambos miembros de la pareja por igual y que tanto uno como otro tienen su parte de responsabilidad. Es un concepto poco común en una novela romántica y me ha gustado encontrarlo.

Si puedo hacer una crítica, siempre constructiva, es que me ha parecido que el autor abusa de la palabra “tipo”: es un tipo que… Ese tipo… Me recuerda a películas de acción de tipo Arma Letal y en fin, me ha distraído. No me imagino a Elisa, una madrileña como yo pensando: “No confío en ese tipo”. Pero bueno, es solo una minicrítica, pero realmente me ha llamado la atención el uso de esa palabra. Tal vez porque no estoy acostumbrada a leerla en una novela romántica.

 

Por otro lado, las primeras páginas me costaron un poquito, tal vez porque no estoy muy familiarizada con el mundo del periodismo ni tampoco me sentía especialmente identificada con los problemas de Elisa, pero después me introduje bien en la novela y tuve que continuar leyendo irremediablemente hasta llegar al final.

Puedo decir que como una novela romántica corta, cumple su objetivo: el de entretener, distraer y hacerme suspirar a ratos. Muy centrada en el género, como dice J. De la Rosa en su manual –y razón que tiene–.

Merece la pena leerla.

Puntuación: 4/5.

 

Acerca del autor

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 José de la Rosa (n. en 1970 en Sevilla, España), es un escritor sevillano de novela romántica y también de thriller. Aparte de sus trabajos de ficción, ha escrito manuales técnicos para trabajar la novela romántica e impartido formación sobre el mismo asunto. Cuenta en su haber con 10 obras publicadas. (Wikipedia).

Os dejo los enlaces, tanto de “Siete razones para no enamorarse” y de “Tú puedes escribir una novela romántica”, ambas muy recomendables.

 

  • Precio: 2,84€
  • Formato: Versión Kindle
  • Tamaño del archivo: 314 KB
  • Longitud de impresión: 157
  • Editor: Harlequin Ibérica, S.A. (16 de mayo de 2013)
  • Vendido por: Amazon Media EU S.à r.l.
  • Idioma: Español
  • ASIN: B00CHLW0Z8

  • Precio: 4,61€
  • Formato: Versión Kindle
  • Tamaño del archivo: 1283 KB
  • Longitud de impresión: 338
  • Uso simultáneo de dispositivos: Sin límite
  • Vendido por: Amazon Media EU S.à r.l.
  • Idioma: Español
  • ASIN: B00EJCMWOC

Reseña “El blog de la doctora Jomeini” Ana González Duque[Novela romántica-Chicklit]

portada El blog de la Doctora Jomeini

 

Reseña; novela romántica – Chicklit

Título: “El blog de la Doctora Jomeini”

Autora: Ana González Duque.

Sinopsis:

El blog de la Doctora Jomeini arranca cuando la doctora se traslada a Madrid para hacer el MIR de Anestesiología, recién llegada a la capital, su novio, la razón de que ella se mueva de las Islas Canarias a la capital, la abandona por otra. Ella comienza su vida de cero, con nuevas compañeras de piso y de trabajo y con una nueva relación amorosa. Una novela llena de humor que nos enseñará la parte más oscura y dramática de la medicina, pero también a afrontar la vida con una sonrisa.

 

Opinión personal:

Hoy os traigo esta novelita de unas ciento sesenta páginas que es súper ágil de leer y además, divertidísima –al menos desde el punto de vista de una estudiante de medicina–.

Creo que, como buenos lectores, debemos saber un poco de antemano lo que esperar de cada novela que compramos. Yo, de este libro, esperaba pasar una tarde entretenida y cargada de humor y el texto de Ana González lo ha cumplido con creces.

No es una novela romántica como tal, no tiene detallados demasiados sentimientos de los personajes, ni se regodea en el drama, ni describe escenas eróticas como tal.

El atractivo de este libro reside en la manera ágil y amena que tiene la autora de narrar una historia que, a pesar de no tener grandes giros “argumentísticos” –si es que esa palabra existe, disculpas por adelantado a la RAE–, consigue que nos enganchemos desde el minuto uno.

El vocabulario es variado y la gramática es fluida, no te atrancas en ningún momento. Las escenas son divertidísimas y sobre todo, los apodos que utiliza la autora para denominar a sus personajes.

Me mató: el doctor Respirehondo-lleneelpechodeaire. No pude parar de reír. Sobre todo porque, como hago prácticas en un hospital, es para mí un mundo muy cercano y he podido imaginar cada capítulo con mucha nitidez. Aún así, pienso que es un libro apto para todos los públicos y que puede acercar a las personas a conocer un poquito más la vida de un residente de primer año de anestesia y de cualquier otra especialidad –en rasgos generales–. Y, aunque he dicho que no es una novela romántica como tal, también hay escenas de amor muy entrañables y sobre todo, reales, que a mí me han hecho hasta tener envidia –voy a mirar a los traumatólogos de otra manera juas juas–.

Y nada más, mi enhorabuena para Ana González Duque y ojalá siga escribiendo estos textos tan divertidos que nos hacen tanta falta.

Valoración 5/5

Acerca de la autora: 

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Ana González Duque tiene un blog en el que publica como Doctora Jomeini, es anestesióloga y es de las Islas Canarias hasta ahí las semejanzas con su protagonista. Usando un divertido alter ego consigue hacernos llegar historias divertidas, tiernas y, a veces, dramáticas, pero, sobre todo, humanas. Su formación como poeta se hace patente en la riqueza verbal de la obra y en la variedad de recursos estilísticos que usa, con tino, para que entremos de lleno en esta historia y disfrutemos de principio a fin.

Os dejó aquí los enlaces por si queréis adquirir el ebook en Amazon.

Descripción del ebook:

  • Formato: Versión Kindle
  • Tamaño del archivo: 6923 KB
  • Longitud de impresión: 162
  • Números de página – ISBN de origen: 8499674259
  • Editor: Tombooktu (24 de septiembre de 2012)
  • Vendido por: Amazon Media EU S.à r.l.
  • Idioma: Español
  • ASIN: B009FYRQB8
  • Precio: 3,99 €

Ya lo podéis adquirir en ebook y en papel!!!

Rozando el cielo

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Descripción del ebook:

Precio: 1,95 € IVA incluido

  • Formato: Versión Kindle
  • Tamaño del archivo: 595 KB
  • Longitud de impresión: 266
  • Uso simultáneo de dispositivos: Sin límite
  • Vendido por: Amazon Media EU S.à r.l.
  • Idioma: Español
  • ASIN: B00MSQQWAG

 

Y en tapa blanda:

 

Para conseguirlo en Amazon.com pulsa aquí.

 

Y dicho esto, espero que lo disfrutes y si es así, por favor, recuerda dejar tu opinión en Amazon :)